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En estas edades tan tempranas es muy importante que exista una línea metodológica basada en el conocimiento del desarrollo físico, cognitivo, emocional y social de cada niño.

Las necesidades propias de este período requieren una metodología basada en la experiencia de los niños, las actividades (físicas y mentales) y el juego cómo principal recurso educativo, propiciando así aprendizajes significativos y funcionales, en un clima que ofrezca al niño seguridad y le estimule el descubrimiento de sí mismo y de su entorno. Es importante que se logre la colaboración de la familia para proporcionar al niño estímulos en sus primeros aprendizajes y, en general, en el comienzo de su experiencia formativa.

Uno de los principios metodológicos fundamentales de nuestra intervención educativa es que consideramos el juego como una actividad natural del niño/a necesaria para su desarrollo y para llevar a cabo todo tipo de aprendizajes. La principal actividad del niño es el juego y mediante él es capaz de descubrir el mundo; expresar sus necesidades, deseos, sentimientos, emociones,…; interaccionar con los demás objetos y personas; etc.

El juego es fundamental en el tramo de edad al que nos referimos, por lo tanto las aulas, los espacios, el mobiliario y los materiales de la escuela serán pensados, diseñados y analizados para que los niños desarrollen sus capacidades.

Por medio del juego (explorar, observar, manipular, experimentar, investigar,…) y de las rutinas diarias relacionadas con los hábitos, desarrollamos una metodología globalizadora y significativa que, partiendo de los intereses y necesidades del niño/a, favorece su desarrollo integral.

Las aulas las organizaremos por rincones para que los niños desarrollen estrategias, descubran habilidades y construyan conocimiento. Experimentarán con los objetos, con los espacios, se relacionarán con los compañeros, elegirán que, cuando y con quien jugar.

 

En conclusión, todas las “técnicas” metodológicas utilizadas en el centro se basan en una concepción globalizada del aprendizaje donde éste se constituye en un auténtico proceso de descubrimiento e investigación y en el cual los “actores” principales son los niños y las niñas y, los docentes, con una formación adecuada y una actitud abierta, encauzan ese proceso facilitando los recursos para que éste se haga posible.